Culto al cuerpo. ¿Cómo nos relacionamos con nuestra dimensión externa?
Conocer cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo nos ayudará a construir una relación sana con él. Aliarnos con nuestro cuerpo es básico para alimentar nuestra autoestima y ganar seguridad.
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Culto al cuerpo. ¿Cómo nos relacionamos con nuestra dimensión externa?

Creencias que nos limitan en nuestra relación con el cuerpo

Culto al cuerpo. ¿Cómo nos relacionamos con nuestra dimensión externa?

Culto al cuerpo. ¿Cómo nos relacionamos con nuestra dimensión externa?

El culto al cuerpo se remonta a los inicios de la humanidad. La constante búsqueda de la eterna juventud, los cánones de belleza imposibles de alcanzar, las imposiciones del sector de la moda y la belleza… las presiones sociales, los comentarios y opiniones de los demás, la sobre exposición en medios sociales y sus filtros… Todo ello, concentrado, puede hacernos saltar por los aires en cualquier momento.

Bombardeamos nuestra mente y cuerpo con todo tipo de mandatos, muy arraigados en la sociedad: no envejezcas, no engordes, no te quejes, no hables, no te muevas, no te hagas visible.

 

Creencias sobre nuestra imagen externa y nuestro cuerpo

Las creencias son pensamientos, que tenemos muy arraigados y tomamos como realidades.

A lo largo de los años, nos hemos ido haciendo con una serie de creencias en torno a la imagen, que son una auténtica mierda (sí, sí, una mierda). Aquí algunas que ahora me vienen a la cabeza (la lista queda abierta, para que las completes, seguro que a ti te vienen muchas más):

  • Mi mayor valor es la belleza.
  • Si soy guapa, tengo que ser idiota sí o sí.
  • Si mi cuerpo es anguloso, no soy femenina. Si no soy femenina, no ocupo un lugar como mujer.
  • Si he ganado peso, no merezco ser visible.
  • Si cultivo mi cuerpo, soy tonta, soy superficial.
  • Si envejezco, dejo de ser válida.
  • Para liderar tengo que parecer masculina.

Y un largo etc…

 

Nuestra dimensión externa, nuestro cuerpo, es parte fundamental de nuestra existencia. Es precisamente a través de nuestro cuerpo la manera que tenemos de estar, de ser, de relacionarnos. Relacionarnos de manera sana y equilibrada con nuestro cuerpo es necesario.

 

Autoestima y valía

¿Desde dónde nos valoramos? ¿Desde dónde queremos que los demás nos valoren?

La autoestima está ligada al concepto de valía. Sentir que somos capaces y suficientes para superar lo que venga, sentirnos capaces de lograr objetivos que nos propongamos, de tener éxito, alimenta nuestro sentimiento de valía, y, por ende, nuestra autoestima.

“La creencia según la cual se ha de estar delgada para tener éxito da lugar a no sentirse segura de sí misma y de sus capacidades. El control obsesivo del cuerpo de la mujer no conduce a un mayor poder, sino a un sentimiento de vergüenza, de malestar, de confusión, de enfermedad e incluso de muerte cuando se tiene un trastorno alimentario. Mientras esperamos que nos tranquilicen a cerca de nuestro valor y nuestra conveniencia, nos sometemos a los consejos humillantes de expertos, que nos dicen qué y cuándo comer, cómo hacer deporte, como si fuéramos niños”. (Cita de la analista Polly Young-Eisendrath, en El síndrome de la Impostora, de E. Cadroche y A. de Montarlot).

 

Mirarnos bien

Mirarnos bien no significa que no queramos mejorar algo en un momento dado. Puede que nos apetezca bajar un par de kilos, que nos guste la moda, que nos encante sentirnos guapas, atractivas. Puede que no nos interese en absoluto lo estético, o que nuestro ideal de belleza esté alejado de cualquier producto cosmético.

Mirarnos bien significa tratarnos con cariño, con amor. Empatizar con cada parte de nuestro cuerpo, aliarnos con él. Y para ello, es importante escuchar lo que tiene que decirnos.

Hace unos días, en una de las sesiones del programa Re-Evoluciona tu marca personal, le dedicamos un buen espacio a tomar conciencia de cómo nos relacionamos con el cuerpo. Para ello, hicimos un ejercicio que voy a compartir contigo, te invito a practicarlo.

 

Carta al cuerpo

Efectivamente, le vamos a escribir una carta a nuestro cuerpo. El ejercicio es sencillo:

  • Dibuja en un folio una silueta, y vas a romper el papel separando la cabeza del cuerpo.
  • Vas a colocar sobre una silla la parte con la cabeza, y en frente, en otra silla, vas a dejar la parte de la hoja con el cuerpo. Y te vas a sentar, primero, en la silla donde has colocado la cabeza. En este momento, eres tu cabeza, tu mente, y mirando a tu cuerpo, le vas a decir todo lo que te venga en ese momento (puedes verbalizarlo, escribirlo o incluso grabarlo).
  • A continuación, te vas a cambiar de silla, te vas a colocar en la silla del cuerpo, y como cuerpo vas a recibir lo que la cabeza te acaba de decir (lee lo que has escrito, o reproduces la grabación). Una vez has escuchado como cuerpo lo que te ha dicho la cabeza, le dices ahora a tu cabeza cómo te sientes, cuál es tu percepción, qué esperas de la cabeza, qué necesitas como cuerpo de tu cabeza, cómo te gustaría que fuera vuestra relación.
  • Cuando has terminado de expresarte como cuerpo, vuelves a ocupar la silla donde está tu cabeza, y de nuevo en esta posición, siente como cabeza todo lo que tu cuerpo te ha expresado (lees lo que te ha escrito el cuerpo o reproduces la grabación).
  • Este ejercicio de disociación es una herramienta sencilla pero muy potente para darnos cuenta de qué relación tenemos con nuestro cuerpo y de lo desconectadas que solemos estar respecto a mente-cuerpo. Este ejercicio se termina cuando lo sientas. Una vez la cabeza recibe lo que el cuerpo tiene que expresarle, puede volver a responderle. Si sientes que el cuerpo necesita volver a decirle algo a la cabeza, cambia de nuevo de posición.

 

Cuando termines el ejercicio, te invito a reflexiones sobre qué has aprendido con esta dinámica. Los resultados pueden ser muy enriquecedores.

¿Cómo te relacionas con tu imagen y con tu cuerpo? ¿Eres tú la que marca el ritmo, porque tienes una relación sana con tu parte externa, o, por el contrario, sientes que te lleva la corriente de lo efímero?

 

Un abrazo,

Ainara.

 

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